En los centros de acogimiento residencial, las despedidas nunca son simplemente un adiós. Son momentos profundamente humanos, llenos de emociones compartidas, recuerdos, aprendizajes y vínculos construidos día a día. Cada salida representa el cierre de una etapa importante, pero también el inicio de un nuevo camino, una oportunidad para que cada niño, niña o adolescente continúe construyendo su historia, su autonomía y su proyecto de vida.
En uno de los centros de la Asociación Coliseo, un educador ha impulsado una iniciativa cargada de sensibilidad, afecto y sentido educativo para acompañar estos procesos de transición. Antes de marcharse, cada menor recibe un regalo único: una pieza de madera personalizada con dibujos, ilustraciones y mensajes escritos por las personas que han formado parte de su recorrido en el centro.
Más allá de un objeto, se convierte en un recuerdo emocional y reparador. En cada palabra escrita hay reconocimiento, escucha, cuidado y presencia. Hay historias compartidas, momentos difíciles superados juntos, risas, aprendizajes y también la certeza de que, incluso cuando los caminos cambian, los vínculos construidos desde el respeto y el cariño dejan huella.
La parte trasera de cada pieza recoge mensajes de despedida, consejos, recuerdos y deseos para el futuro escritos por compañeros y profesionales. Palabras que buscan acompañar, sostener y recordar a cada adolescente que su paso por el recurso ha sido importante, que su historia importa y que existen personas que siguen creyendo en sus capacidades, en su potencial y en sus sueños.
Este tipo de acciones representan la esencia del modelo de intervención que defendemos en Asociación Coliseo y que se encuentra alineado con los principios de la LOPIVI: la construcción de entornos seguros y protectores, la promoción del buen trato, la importancia del vínculo afectivo y la necesidad de generar experiencias emocionalmente significativas y reparadoras para la infancia y la adolescencia.
Porque proteger no es únicamente cubrir necesidades básicas o acompañar procesos educativos. Proteger también es crear espacios donde los niños, niñas y adolescentes puedan sentirse vistos, escuchados, valorados y recordados. Es construir relaciones que dejen una huella positiva en sus vidas y que les permitan mirar hacia el futuro con mayor seguridad, autoestima y esperanza.
Desde la Asociación Coliseo queremos reconocer y agradecer iniciativas como esta, capaces de transformar un momento de despedida en una experiencia de cuidado, reconocimiento y afecto que permanecerá para siempre en la memoria y en el corazón de quienes forman parte de ella.
“Los niños no necesitan adultos perfectos, necesitan adultos presentes.” — Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson


